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Demostrando que el cerebro sí crece con el uso

por Janet Doman
La vida de John comenzó en África del Congo. Después de algunas horas de haber nacido, el bebé comenzó a tener temblores y lo llevaron inmediatamente a la unidad de cuidados intensivos neonatales con sepsis y se le dieron antibióticos. El bebé continuó teniendo infecciones crónicas de oído después del primer año de vida y fue tratado con antibióticos y esteroides por los siguientes tres años.
A los dos años de edad, la madre de John encontró el libro de Glenn Doman ¿Cómo enseñar a leer a tu bebé? y comenzó a enseñar al pequeño John inmediatamente; hacerlo representó una gran alegría. Esta simple acción traería enormes recompensas que continúan hasta el día de hoy.
A los seis años, John estaba en problemas.
John parecía estarse desarrollando como otros niños, pero a los tres años, comenzó a tartamudear. Este problema fue incrementándose progresivamente hasta que a los seis años, era muy difícil entender lo que decía.
John podía leer pero se le dificultaban otras áreas
Después de que la terapia de lenguaje no fue exitosa, John fue diagnosticado con retraso mental y retraso del desarrollo, debido probablemente, a una encefalitis en el nacimiento.
El pequeño John tenía problemas intelectuales, físicos, sociales y psicológicos.
Los padres de John sabían del trabajo de Los Institutos para el Desarrollo del Potencial Humano gracias al libro de Glenn Doman e inmediatamente se inscribieron para asistir al curso ¿Qué hacer por tu hijo con lesión cerebral? Llevaron a John a su primera evaluación en los Institutos rápidamente.
Los padres de John lo llevaron a Los Institutos con la esperanza de que pudiera desarrollarse rápidamente.
Cuando John asistió a Los Institutos a la edad de 6 años, era hiperactivo y estaba por debajo del nivel de su edad tanto en comprensión como en lenguaje. Era extremadamente sensible al sonido y tenía dificultad de controlarse entre multitudes y seguir direcciones en casa. Frecuentemente estaba ansioso y era muy brusco al jugar. Era sensible a ciertas comidas y desarrollaba reacciones alérgicas fácilmente.
Aunque fue etiquetado con “retraso mental”, John era mejor lector que niños mayores desde que él era muy pequeño. 
A pesar de los problemas, la mayor fortaleza de John era su habilidad para leer. Mientras los niños de su edad apenas estaban aprendiendo a leer, John ya estaba leyendo libros para niños mayores. John y sus padres se embarcaron en el Programa de Tratamiento Intensivo de los Institutos. Gatear y reptar fueron actividades esenciales para su programa de organización neurológica. La práctica de gimnasia también se incluyó para lograr un desarrollo cerebral óptimo.
John comenzó a sobresalir inmediatamente
La espiral descendente que John experimentó durante toda su vida, comenzó a cambiar en dirección ascendente.
John también logró recorrer kilómetros caminando y corriendo;  su habilidad física y vigor mejoraron. La oportunidad de desarrollarse físicamente, tuvo un impacto positivo en su salud y bienestar, esto ayudó a su desarrollo intelectual. La espiral descendente que John experimentó durante toda su vida, comenzó a cambiar en dirección ascendente. La estimulación y oportunidad lo llevaron a un mejor desarrollo en todas las áreas.
Su madre se asegura de que siempre tenga un programa nutricional excelente, incluyendo los vegetales orgánicamente cultivados en su propio jardín.
John come adecuadamente y se mantiene en forma gracias  a la comida fresca
y orgánica que crece en su propio jardín.
Ahora, aprender era fácil y divertido para John.
John continuó sobresaliendo intelectualmente. Su Programa de Conocimiento Enciclopédico cubrió cientos de bits e información de botánica, zoología, anatomía, geografía, matemáticas, arte y música. La madre aprendió de su instrucción en Los Institutos que su trabajo es enseñar alegremente y hacer el aprendizaje divertido y fácil para su hijo.
La geografía de Estados Unidos es fácil y divertida cuando John y
su madre aprenden juntos en casa.
John corrió un total de 200 millas en tan solo dos meses.
A los ocho años de edad, John estaba excelente físicamente. Comenzó a participar en carreras locales de 5 kilómetros. En su segunda carrera, terminó en tercer lugar en la categoría de 10 años y menores, como el corredor más joven en ganar un premio. Se hizo miembro de 200 Miler Club, corriendo un total de 200  millas en tan sólo dos meses.
John participando en una carrera a campo traviesa con muchos obstáculos.
John sobresale en la escuela y se une al Cub Scouts y a clases de karate.
La lectura, matemáticas y conocimientos generales continuaron por encima del nivel de sus pares. Ingresó a la escuela y fue un estudiante exitoso en una cooperación escuela- casa, tomando cursos avanzados como español, latín y botánica.
John cruza la meta sonriendo.
Socialmente, ya era capaz de interactuar con los demás ya que su sensibilidad auditiva  se había quedado en el pasado. Se unió al Cub Scouts e hizo una caja de herramientas, estando más adelantado que los niños de su edad. Se unió a clases de karate y avanzo varios niveles.
“Mi hijo no está condenado a una vida de discapacidad, sino a una vida de opciones. ¡Está feliz y yo también!”
John florece física, intelectual y socialmente. Ha trabajado arduamente con sus padres para llegar hasta donde ahora está. Sus padres están seguros de que John continuará triunfando y logrando sus objetivos en la vida.
John ahora juega baseball y le encanta.

La madre de John escribió: “Mi hijo no está condenado a una vida de discapacidad, sino a una vida de opciones. ¡Está feliz y yo también!”
Después de haber sido etiquetado como “mentalmente retardado” la vida del niño suele volverse una profecía de ruina y desolación.
A los padres de John no se les dio mucha esperanza de que él pudiera sobresalir y superar los problemas que tuvo desde el nacimiento. Un diagnóstico de retraso mental suele llevar a las familias a creer que su hijo tiene un cerebro inferior, entonces los padres brindan  una estimulación limitada y pocas oportunidades. La vida del niño se vuelve entonces una profecía de ruina y desolación. John y su familia han demostrado que el cerebro sí crece con el uso y los padres pueden proveer a su hijo un camino de bienestar cuando se les dan las herramientas para hacerlo.
Bien hecho John y mamá y papá. Los padres del mundo estarán inspirados por su dedicación y arduo trabajo.
En algún momento él luchó por mantener el ritmo, ahora lidera la manada.

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Estudio de la Universidad de Duke confirma que los bebés pueden diferenciar cantidades

151230pic02Maria recibe oportunidad para ver diferentes cantidades de puntos

El sentido numérico innato de los bebés predice habilidad matemática futura

Una nueva investigación del Instituto Duke para las Ciencias del Cerebro (Duke Institute for Brain Sciences) confirma la habilidad matemática de los infantes. “El uso de numerales arábigos para representar diferentes valores es una característica única a los humanos, que no se ha visto en otras especies. Pero no nacemos con esta habilidad. Los infantes no tienen las palabras para contar del 1 al 10. Entonces, los científicos han llegado a la hipótesis de que el rudimentario sentido numérico de los bebés es el fundamento para un entendimiento matemático de niveles más altos”.

El libro “Cómo enseñar matematicas a su bebe” se publicó por primera vez en 1979. En él, se propone que bebés muy pequeños pueden diferenciar cantidades.

El Programa de Matemáticas de Los Institutos para el Logro del potencial Humano usa puntos en tarjetas blancas, estos puntos van de uno solo en una tarjeta, hasta cien puntos. Después de aprender las cantidades, los bebés son capaces de sumar, restar, multiplicar y dividir las cantidades usando las tarjetas de puntos. Madres y bebés alrededor del mundo han usado este programa con gran éxito.

El estudio reciente realizado en la Universidad de Duke ha demostrado que los infantes tienen un entendimiento innato de la cantidad. Los investigadores fueron capaces de estudiar a los bebés siguiendo los movimientos de sus ojos mientras les enseñaban cantidades en diferentes pantallas. En una pantalla, la misma cantidad se mostraba repetidamente, con diferentes patrones. En otra pantalla, se cambiaban las cantidades mostradas. Los bebés elegían observar la pantalla donde las cantidades cambiaban, en lugar de la pantalla donde se repetían las mismas cantidades. Aún cuando la misma cantidad se mostraba repetidamente pero con diferentes patrones, esto no era tan estimulante para los bebés como cuando las cantidades variaban. Los investigadores también encontraron que los bebés con un mejor “sentido numérico” (habilidad para diferenciar cantidad) tenían un mejor desempeño en pruebas matemáticas a los tres años.

Este estudio confirma lo que hemos estado observando en nuestros bebés por cuatro décadas:
Los bebés pueden diferenciar cantidades con facilidad.
Los bebés siempre quieren aprender algo nuevo.
Los bebés están interesados en las cantidades, y no se distraen con los patrones.

Nuestros datos muestran que cuando los bebés reciben consistentemente la oportunidad para ver cantidades desde el nacimiento o poco tiempo después, estos bebés desarrollan su “sentido numérico”. Para cuando tienen cuatro años, estos niños demuestran gran atención, interés y entusiasmo por cualquier aspecto de las matemáticas que podamos presentarles de manera honesta, factual y gozosa.

Glenn Doman habla sobre el Programa de Matemáticas en este video:

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Para leer el artículo sobre el estudio de la Universidad de Duke, click aqui

Para aprender más sobre el programa de matemáticas de Los Institutos, click aquí.